El problema fundamental radica en la interpretación del término “estupefaciente”. El gobierno de España insiste en que cualquier producto que contenga cannabis, independientemente de sus niveles de THC, se considera un estupefaciente de acuerdo con la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes. Sin embargo, esta visión está en conflicto con la normativa europea actual. Según el el Reglamento (UE) 2021/2115 del Parlamento Europeo y del Consejo, el cáñamo, definido como cannabis que contiene menos del 0,3% de THC, es considerado un producto agrícola, no un estupefaciente.

Otro aspecto importante es la afirmación de que las sumidades floridas o “cogollos” del cáñamo son considerados estupefacientes y, por lo tanto, deben ser destruidos. Esta interpretación es incorrecta según la Directiva 2002/53/CE de la UE, que permite la comercialización de variedades de cáñamo con un contenido de THC no superior al 0,2% (ahora 0.3%). No se especifican partes particulares de la planta para su exclusión, lo que implica que los cogollos pueden ser legalmente procesados y comercializados en la UE.

En lo que respecta a la producción de CBD, el documento sugiere que su extracción es ilegal sin autorización de la AEMPS. Esto no se alinea con el fallo del Tribunal de Justicia de la UE en el caso C-663/18 (Caso Kanavape), que establece que el CBD no es un estupefaciente y su comercialización está permitida en la UE, siempre y cuando se extraiga de variedades de cáñamo legalmente reconocidas en la UE.

Además, el documento parece ignorar la existencia del Protocolo STNAR 40, que establece un umbral de psicoactividad del 1% para los productos derivados del cannabis. Aunque el Parlamento y Consejo Europeo ha limitado la comercialización de productos con hasta el 0,3% de THC, la existencia de diferentes umbrales en la regulación de los productos de cáñamo en los diferentes países contribuye a la confusión y la falta de coherencia.

La complejidad y la variabilidad de la legislación en torno al cáñamo en Europa subraya la necesidad de una colaboración estratégica más fuerte en el sector. Es aquí donde los clusters y alianzas industriales pueden jugar un papel vital. Al unir fuerzas, los productores, comerciantes y otros actores de la industria del cáñamo pueden incrementar su influencia y trabajar de manera conjunta para abogar por una regulación más clara, coherente y favorable a nivel europeo.

En el contexto español, este tipo de colaboración resulta especialmente crucial. Existe la necesidad de convencer al gobierno de la relevancia económica y ambiental de la industria del cáñamo, incentivando su aceptación y apoyo a esta creciente industria. Una fuerte alianza de actores de la industria puede trabajar para ejercer una presión eficaz sobre el gobierno y propiciar un cambio en la normativa nacional.

En conclusión, frente a la actual confusión normativa, la formación de alianzas estratégicas para hacer lobby se vuelve esencial para impulsar la aceptación de la industria del cáñamo y promover una regulación más integral y unificada en toda Europa. Esto, a su vez, proporcionará un marco más seguro y predecible para el desarrollo y crecimiento de la industria del cáñamo.

Acceso a la NOTA INFORMATIVA SOBRE EL CULTIVO DEL CÁÑAMO EN ESPAÑA
notainformativasobreelcultivodecanamo_tcm30-560351.pdf (mapa.gob.es)